Prosperidad

Estas mujeres artesanas se unieron por su comunidad indígena

julio 14, 2021 Autor César Albarrán Torres

De entre los grupos que experimentan una mayor vulnerabilidad económica y social se encuentran las mujeres indígenas. Décadas de rezago educativo y la discriminación de la que son objeto, tanto por su etnia como por su género, han ocasionado que sean muy pocas las que logran una independencia financiera.

Esto, claro, es producto del legado colonial y las estructuras de poder actuales. Sin embargo, hay mujeres que han logrado establecer redes de apoyo. Tal es el caso de un grupo de artesanas en Argentina. 

Los Indígenas Argentinos de Salta son un grupo olvidado y vulnerable.

La región de Salta, en el norte de Argentina, es una de las más pobres del país, y se ve muy rezagada en comparación  con epicentros urbanos como la capital Buenos Aires y ciudades como Neuquén, Córdoba y Mendoza. En particular, el área del Gran Chaco sufre de considerables retrasos en cuestión de infraestructura y servicios.

Por décadas, la economía doméstica de la zona ha dependido en mayor o menor medida del trabajo de las artesanas. Los esfuerzos individuales no les permitían mantener a sus familias o dejar de depender de sus parejas. Pero todo cambió en el año 2000, cuando se organizaron en un movimiento de resistencia cultural y de género basada en el trabajo.

Tejiendo y creando para la comunidad y el empoderamiento personal

Las mujeres de los grupos wichí, qom y pilagá se unieron para formar la Cooperativa de Mujeres Artesanas del Gran Chaco (Comar). Trabajar de manera independiente no les permitía generar ganancias o promover sus productos, hechos principalmente de lana y de fibras naturales, pero al organizarse en una red de apoyo han podido eficientizar sus canales de distribución y realizar esfuerzos de mercadotecnia que desembocan en precios justos.

Al día de hoy Comar reúne a 2600 artesanas de 23 asociaciones, quienes inicialmente se enfrentaron al rechazo de los dirigentes comunales que querían mantener el status quo en cuestión de relaciones de género. Comar ha logrado en dos décadas lo que muchos llevan años intentando: unir los esfuerzos de mujeres de etnias distintas, quienes en ocasiones viven separadas hasta por 500 kilómetros. 

Una gran lección de vida y de negocios sostenibles

Estas mujeres ahora venden sus artesanías por medio de redes digitales y tienes clientes en lugares tan lejanos de Argentina como Japón. Además de que es un negocio sustentable y que evita los intermediarios para generar el mayor beneficio para las mujeres indígenas, ha logrado el empoderamiento de una comunidad vulnerable. 

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