Personas

El pan de muerto y los orígenes que tal vez no conoces

octubre 28, 2021 Autor César Albarrán Torres

El Día de Muertos es una festividad que amalgama el pasado y presente multicultural de México. Por un lado, tiene su origen en una práctica prehispánica relacionada con una cosmovisión respecto a la vida y la muerte diferente a la visión europea. 

El origen en los sacrificios rituales

Cuenta la leyenda (porque recordemos que la historia la cuentan los vencedores) que cuando los invasores españoles descubrieron que los aztecas realizaban sacrificios humanos en donde los sacerdotes daban una mordida a un corazón humano.

Como lo reporta Marca, “los españoles decidieron ‘sustituir’ dicha tradición, elaborando un pan de trigo en forma de ‘corazón’, adornado con azúcar pintada de rojo, para con ello simular la sangre”. Así, una práctica religiosa indígena se juntó con ingredientes y técnicas culinarias europeas en una suerte de colonialismo cultural que, sin embargo, es hoy fuente de identidad de los mexicanos.

La popularización durante la época de la colonia

Durante los siglos de la colonia, la identidad mestiza de los mexicanos se fue afianzando, y el pan de muerto se convirtió en un elemento indispensable de las ofrendas a los difuntos. La expansión del catolicismo y el resurgimiento de la cosmovisión indígena respecto a la permanencia de los muertos en nuestras vidas llevaron a las tradiciones del día de muertos que conocemos y practicamos hoy en día.

Un significado profundo en cada bocado

Hay varios tipos de pan de muerto, y cada región del país ha dado su propio significado a este platillo a lo largo de los años.

El más tradicional, y que suele consumirse en el centro de la República Mexicana, tiene una forma circular que representa el ciclo eterno de la vida y la muerte, coronado por un circulo que simula un cráneo y cuatro huesitos que indican los puntos cardinales.

Aunque la gran parte de los panes de muertos son un pan estilo brioche con esencia de azahar y cubierto con azúcar, en Puebla se sustituye el azúcar por ajonjolí. En Oaxaca, por el contrario, los panes tienen una forma humana y son adornados con caras hechas con azúcar. En Michoacán también se hace un pan llamado alma, que tiene un cuerpo humano y recuerda a los seres queridos que partieron antes que nosotros.

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