Prosperidad

Quizás la mayor inequidad en el mundo es el acceso a alimentos y los que tienen más los tiran a la basura

abril 27, 2021 Autor César Albarrán Torres

Los mecanismos políticos, económicos y sociales del mundo han creado cadenas de producción y consumo que llevan a situaciones francamente absurdas.

De entre ellas, quizás la más terrible de todas es el desperdicio masivo de comida, que según un reporte de la Organización de las Naciones Unidas llega a los dos trillones de libras al año (o sea, 907,184,740,000 kilos… sí, es un chorro y dos montones).

El reporte sorprendió negativamente a los expertos, ya que dobla la cantidad de desperdicios que se estimaban. Los restaurantes y las tiendas desperdicia el 17 por ciento de los productos. Mijos, dense cuenta… 

Los países desarrollados son los peores. En el Reino Unido cada casa desperdicia el equivalente a ocho comidas por semana.

No podemos echarle la culpa de todo a los países desarrollados, pero sí podemos tomarlos como un ejemplo de lo que no se debe de hacer. Naciones como Estados Unidos y el Reino Unido, metidas en un ciclo de consumo indiscriminado, desperdician cantidades literalmente industriales de comida.

Y no sólo nos referimos a los restaurantes y supermercados… los hogares literalmente podrían alimentar a otra persona con la cantidad de alimentos que terminan en el bote de la basura. 

Esto no únicamente sigue manteniendo a un sistema que beneficia el desperdicio, sino que también tiene un impacto ambiental.

El desperdiciar alimentos también tiene un impacto considerable en el medio ambiente. Esto se debe a tres razones principales. Primero, el mantener el consumo indiscriminado tiene como resultado el que los productores continúen produciendo más y más para satisfacer la demanda, lo que lleva a problemas graves como los monocultivos (es decir, que los campos se llenen de una sola cosecha dando al traste con la biodiversidad) y la producción de carbono.

Segundo, los desechos terminan en los grandes basureros, emitiendo gases que impactan a la atmósfera. Tercero, a menos de que compres todo en un mercado o sigas al pie de la letras el mandato de zero waste, tus alimentos vienen con plásticos que igualmente terminarán en la basura o, si bien nos va, serán reciclados, lo que consume más energía.

Es in círculo vicioso del que será complicado salir. Según el reporte de la ONU, si el desperdicio de alimentos fuese un país sería el tercer lugar en emisiones de carbono, únicamente por detrás de Estados Unidos y China. 

¿Entonces qué hago?

Lo primero que tienes que hacer es quitarte esa idea absurda de que cualquier cambio personal que hagas en tus hábitos no tendrá un efecto en la situación global. Eso es, la neta, ser un poco comodino y si todo mundo pensara así pues nada cambiará, jamás. Ya que activaste ese switch mental, haz un ejercicio de reflexión y anota qué es lo que realmente consumes y qué es lo que compras. Si consumes menos alimentos de los que compras, entonces estás desperdiciando.

La reflexión debe de llevar a la planeación… cada que vayas al supermercado, lleva una lista y sé muy estricto al seguirla. Y jamás de los jamases vayas al súper o al mercado con hambre, porque vas a echar todo lo que se te antoje al carrito. También puedes unirte al Stop Food Waste Day y hacer un juramento en el que prometas tomar acciones claras en contra del consumo indiscriminado.