Prosperidad

Así es como una granja de cerdos de Carolina del Norte está causando estragos en las comunidades negras

marzo 2, 2021 AutorDanielli Marzouca

En 2014, VICE publicó una historia que reveló un caso severo de racismo ambiental que afecta a una comunidad negra en el condado de Bladen, Carolina del Norte. Desde entonces, más de 500 residentes presentaron y ganaron más de dos docenas de demandas federales contra Smithfield Foods, la operación porcina que almacena toneladas de heces de cerdo en lagunas antes de rociarlas en los campos de los vecinos.

En los Estados Unidos, el racismo ambiental es un problema generalizado.

Las operaciones confinadas de alimentación de animales (CAFO, por sus siglas en inglés) han sido el centro de varias intersecciones de injusticia que van desde la crueldad animal sistémica y las condiciones de trabajo nocivas para inmigrantes mayormente indocumentados hasta la contaminación ambiental tóxica que afecta a los residentes vecinos. Las investigaciones corroboran las tasas superiores al promedio de asma y enfermedades respiratorias de las víctimas en relación con la contaminación del aire causada por los vapores químicos de los desechos de los cerdos. Sin mencionar la contaminación del agua causada por las lagunas de excremento de cerdo que se filtran al agua subterránea y contaminan el agua local con hormonas, antibióticos y bacterias. Se ha informado que los efectos en la salud mental de vivir cerca de las CAFO conducen a niveles más altos de depresión, ansiedad, trastornos del sueño y enfermedades relacionadas con el estrés.

Por supuesto, los miembros mayoritariamente marginados de la sociedad estadounidense son los más afectados por las consecuencias de la creciente demanda mundial de carne. Según la EPA, “las proporciones de afroamericanos, latinos y nativos americanos en todo el estado que viven a menos de tres millas de una instalación industrial porcina son 1.4, 1.26 y 2.39 veces más altas que el porcentaje de blancos no hispanos, respectivamente.”

Sin embargo, Smithfield Foods ha apelado cada una de las decisiones de los tribunales, incluso acaba de volver a perder en diciembre 2020. Aunque los residentes han recibido compensaciones monetarias, Smithfield todavía no ha desviado los humos tóxicos y desechos hacia donde no sean nocivos para los humanos, los animales, la flora y la fauna.

La creciente demanda mundial de carne es el punto de partida del problema.

Sólo en el estadio de los Dodgers de Los Ángeles se consumieron 2.7 millones de hot dogs en 2019. Sin embargo, es el racismo sistémico inherente a la fundación de Estados Unidos lo que permite que la sociedad de clase alta disfrute de sus hot dogs a expensas de las familias negras. El concepto de “No en mi patio trasero” (NIMBYism por sus siglas en inglés) tiene sentido. Nadie quiere inhalar micropartículas de heces de cerdo. La decisión de mantener la carne fuera de tu plato tiene un impacto inmediato y significativo para garantizar que ninguna comunidad se vea obligada a soportar tanto sufrimiento, ¡por un hot dog!